EL ALBA NOTICIAS.BLOGSPOT.COM, MADRID.- Hace 12.500
millones de años, mientras se formaban las primeras galaxias del universo, los
reservorios de gas frío que las envolvían sirvieron de alimento a los agujeros
negros supermasivos que se escondían en su interior, unos monstruos cósmicos
que crecieron rápidamente durante el 'Amanecer Cósmico'.
El 'Amanecer Cósmico', como se denomina a las primeras etapas de la formación
del universo -cuando nacieron las primeras estrellas, galaxias y estrellas-,
acaba de ser estudiado por un equipo internacional de científicos liderados por
el astrónomo del Instituto Max Planck de Astronomía de Heidelberg (Alemania),
Emanuele Paolo Farina.
La investigación, realizada con la ayuda del Very Large Telescope del
Observatorio Europeo Astral (ESO), se publica hoy en The Astrophysical Journal., tomado de El Nuevo Diario y EFE.
Con la ayuda de este telescopio, los científicos han podido observar
reservorios de gas frío alrededor de algunas de las primeras galaxias del
universo y han visto que esos halos de gas son el alimento "perfecto"
para los agujeros negros supermasivos.
"Ahora podemos demostrar, por primera vez, que las galaxias primordiales
tienen suficiente comida en su entorno para mantener tanto el crecimiento de
agujeros negros supermasivos como la intensa formación de estrellas",
destaca Farina.
"Esto añade una pieza fundamental al rompecabezas que los astrónomos están
armando para describir cómo se formaron las estructuras cósmicas hace más de
doce mil millones de años".
Y es que, hasta ahora, para los astrónomos, una de las mayores incógnitas de la
historia del cosmos era cómo lograron los agujeros negros supermasivos crecer
tanto y en una etapa tan temprana de la historia del universo.
"La presencia de estos primeros monstruos, con masas de varios miles de
millones de veces la masa de nuestro Sol, es un gran misterio", explica
Farina pero hasta ahora no se habían detectado "alimentos para agujeros
negros" -gas y polvo- en cantidades lo suficientemente grandes como para
explicar su rápido crecimiento.
Observaciones previas hechas con ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter
Array), revelaron en estas primeras galaxias había gran cantidad de polvo y gas
que alimentaron la rápida formación de estrellas, sin embargo, esas
observaciones sugerían que las estrellas dejaban "pocas sobras" para
alimentar a un agujero negro.
Para resolver el misterio, Farina y sus colegas utilizaron el instrumento MUSE,
instalado en el Very Large Telescope (VLT) de ESO, en el desierto chileno de
Atacama, para estudiar cuásares, objetos extremadamente brillantes alimentados
por agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de galaxias
masivas.
Los investigadores estudiaron 31 cuásares, y los vieron tal y como eran hace
más de 12.500 millones de años, en un momento en que el universo todavía era un
bebé y solo tenía unos 870 millones de años de edad.
Así, descubrieron que doce de los cuásares estudiados estaban rodeados por
enormes reservorios de gas: halos de frío y denso gas de hidrógeno que se
extienden 100.000 años luz desde los agujeros negros centrales y con miles de
millones de veces la masa del Sol.
El equipo, integrado por astrónomos de Alemania, Estados Unidos, Italia y
Chile, también descubrió que estos halos de gas estaban estrechamente unidos a
las galaxias y fueron "la fuente de alimento perfecta"para mantener
tanto el crecimiento de agujeros negros supermasivos como la intensa formación
estelar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario