POR MANUEL CRUZ
Honorable doctor Leonel Fernández, con muchísima
deferencia he decidido abandonar mi prefectura de individuo singular para tener
la osadía de dirigirme a usted muy consciente de que, quizás solo me considere
un carajo fútil y vesánico de esos millones que usted mismo en alguna ocasión
indicó que no conceptualizábamos.
Sin embargo, reposan en mí inconmensurables inquietudes que son las que
me obligan a escribir la presente misiva. Verbigracia, ¿que motiva a una
persona que con su esfuerzo y dedicación lo ha conquistado todo, a insistir
bajo cualquier adversidad en la búsqueda de aquello que ya tuvo en 3 ocasiones?
Asimismo, ¿por qué busca en forma desmesurada preservar con tinta
indeleble un legado y una gloria que usted mismo está empañando con el camino
que ha tomado? Profesor, en modo alguno quiero convertirme en su Sigmund Freud ni en su Dostoyevski
de cabecera. Empero, imagino que todo el pueblo está interesado en saber ¿por
qué ahora se escuda y promueve arquetipos democráticos que en sus gobiernos en
muchas ocasiones usted ignoró?
De
igual forma profesor, hasta sus más acérrimos adversarios y enemigos tienen que
reconocer que su intelecto le colocó en el pináculo de la historia, esa misma
que usted bajo la proyección errónea de un afán desmedido por volver a caminar
por una alfombra roja bajo la ornamentación de los saludos militares; está
haciendo lo indecible por tirarla al zafacón.
En
efecto, hoy profesor hasta aquellos que no conceptualizamos como usted mismo
nos estereotipó; estamos desarrollando una aversión contra un hombre al que su
condición de polímata lo llevó a convertirse en un cíclope; toda vez que, nos
resulta imposible entender que pudo llevar a un individuo decente y humilde a
necesitar intravenosos de glorias y exaltaciones y, habilitar espacios para
delirios presidenciales cual si fuera una necesidad fisiológica.
En
conclusión, estoy seguro profesor que sus liliputienses y palatinos seguidores
al leer mis inquietudes asumirán la anómala idea de que soy un enemigo más de
los muchos que usted ha generado. Por tal razón, es posible que no llegue a
usted la introspección que he querido generar. Por eso, nunca olvide mi
admirado profesor que los hombres de su dimensión y que son la inspiración de
muchos jóvenes, cuando ignoran el signo de los tiempos indefectiblemente
tendrán que observar como el rodillo de la historia los coloca en lugares
inhóspitos y funestos.
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